Moto del día: Suzuki GSF600S Bandit (2000-2005)

Moto del día: Suzuki GSF600S Bandit (2000-2005)

Una moto polivalente que corrigió los fallos de la original con un chasis nuevo, mejores frenos y el mítico motor SACS de 600 centímetros cúbicos y 80 caballos


Tiempo de lectura: 14 min.

La Suzuki Bandit 600 S, fabricada entre 2000 y 2005, es la moto que Suzuki debería haber lanzado en 1995. Es la versión perfeccionada del concepto original: naked polivalente con motor probado de GSX-R, precio razonable y componentes decentes. Pero mientras la primera generación —1995-1999— tenía defectos evidentes —chasis blando, suspensión básica, frenos justos y motor hueco por debajo de las 6.000 revoluciones por minuto—, esta segunda iteración corrigió sistemáticamente cada problema manteniendo exactamente la misma filosofía.

Incluía un chasis completamente nuevo con geometría más deportiva y una suspensión ajustable con amortiguador trasero de cuatro posiciones de rebote y siete de precarga. Los frenos pasaron a ser Tokico de mayor diámetro, reemplazando los Nissin originales, y montaba neumáticos radiales de perfil bajo en lugar de diagonales. Carburadores con sensor de posición del acelerador conectados a un encendido más avanzado y una instrumentación electrónica con agujas stepper motor como la Hayabusa completaban el conjunto. Y el mismo motor tetracilíndrico de 599 centímetros cúbicos refrigerado por aire y aceite derivado de la GSX-R750 original, pero resintonizado para entregar cuatro caballos más en medio régimen y mejorar el par motor exactamente donde la primera generación fallaba.

Todo esto llegó cinco años después del lanzamiento original, justo cuando la competencia empezaba a moverse masivamente hacia la refrigeración líquida y cuando las normativas anticontaminación hacían cada vez más difícil justificar motores refrigerados por aire. Esta Bandit 600 S de segunda generación fue la refinación definitiva del concepto naked polivalente con motor aire/aceite. Fue la última vez que Suzuki demostró que un motor de tecnología «antigua» podía seguir siendo relevante si el resto de la moto se hacía correctamente. Y funcionó: se vendió masivamente durante cinco años antes de ser reemplazada en 2007 por la Bandit 650 con un motor completamente nuevo refrigerado por agua.

El concepto original: cuando Suzuki inventó la naked polivalente moderna

Para entender qué es la Bandit 600 S de segunda generación hay que entender primero qué fue la original de 1995. Antes de la Bandit, el mercado de motos medias estaba dividido en dos categorías: deportivas carenadas derivadas de superbikes —caras, especializadas e incómodas para uso diario—, y motos de turismo básicas tipo Yamaha Diversion —baratas, prácticas y aburridas—. No había término medio. No había motos que combinaran motor potente, chasis decente, estética atractiva y precio razonable.

Suzuki llenó ese hueco en 1995 con la GSF600 Bandit. Motor tetracilíndrico de 599 centímetros cúbicos tomado directamente de la GSX600F —que a su vez derivaba de la primera GSX-R750 refrigerada por aire/aceite—, resintonizado para entregar 74 caballos en lugar de 86 pero con mejor suavidad, consumo y durabilidad. Chasis de acero tubular simple pero robusto, suspensión convencional ajustable, frenos de disco dobles delanteros y una estética naked moderna inspirada en la Bandit 400 japonesa pero adaptada a mediados de los noventa. Con un precio competitivo, la receta funcionó inmediatamente.

El éxito fue inmediato y se vendió masivamente. Creó literalmente una categoría nueva: la roadster naked polivalente. No era una deportiva pura ni una moto de turismo aburrida. Era una moto versátil que podías usar para ir al trabajo entre semana, hacer un viaje de fin de semana y divertirte en carreteras de montaña sin ser incómoda ni intimidante. Honda respondió con la Hornet 600; Yamaha con la Fazer 600; la propia Suzuki lanzó la SV650 bicilíndrica en V. Todas seguían el patrón establecido por la Bandit: motor probado, chasis decente, precio razonable y versatilidad absoluta.

Pero la Bandit original tenía defectos conocidos. El chasis era blando para conducción deportiva. La suspensión básica se quedaba corta en montaña. Los frenos funcionaban pero no inspiraban confianza. Los neumáticos diagonales limitaban el agarre. Y el motor, aunque fiable y suave, era hueco debajo de las 6.000 revoluciones por minuto: no tiraba con convicción hasta el medio régimen, donde entonces «despertaba» y empujaba con fuerza hasta el corte. Para uso urbano tranquilo estaba bien, pero para conducción deportiva o adelantamientos rápidos la banda de potencia estrecha era limitante.

Suzuki GSF 600 Bandit S (1)

Renovación 2000: Suzuki corrige todos los problemas sistemáticamente

Allá por el año 2000 Suzuki lanzó la segunda generación de la Bandit 600, completamente renovada. No fue un simple restyling cosmético. Fue una revisión exhaustiva de cada aspecto de la moto que había recibido críticas en la primera generación, corrigiendo sistemáticamente los defectos mientras mantenía todo lo que funcionaba.

El chasis era completamente nuevo. Cuna doble de acero tubular pero con geometría revisada: menos trail y rake para un giro más rápido y una respuesta más inmediata. Distancia entre ejes ligeramente más larga para mejorar la estabilidad en recta. Altura de asiento reducida a 780 milímetros para facilitar el apoyo de los pies en paradas. La estructura nueva era más rígida donde necesitaba serlo —zona de dirección, anclaje del basculante— pero más flexible longitudinalmente para mejorar la tracción trasera. El resultado era una moto que giraba más rápido, respondía mejor a los cambios de dirección y era más estable a velocidad que la primera generación.

La suspensión se mejoró sustancialmente. La horquilla delantera seguía siendo telescópica convencional de 41 milímetros sin ajustes, pero con muelles y amortiguación recalibrados para la geometría nueva. El amortiguador trasero era ahora ajustable en rebote —cuatro posiciones— y precarga —siete posiciones—, permitiendo adaptar la moto al peso del piloto, uso con pasajero y tipo de conducción. Este nuevo conjunto absorbía las irregularidades del asfalto mejor que el original mientras mantenía la compostura en conducción deportiva.

En cuanto a los frenos, se actualizaron completamente. Dos discos delanteros de 290 milímetros —frente a los 280 milímetros originales— con pinzas Tokico de doble pistón de 30.23 milímetros reemplazando las Nissin de 25.4 milímetros. Disco trasero de 240 milímetros con pinza Tokico monopistón. Pastillas con compuesto mejorado de metal sinterizado. La potencia de frenado era notablemente superior a la primera generación, con mejor sensación en la maneta y modulación más progresiva. No eran frenos de superbike, pero eran más que suficientes para uso deportivo en carretera.

Su calzado pasó a neumáticos radiales de perfil bajo: 120/60-17 delantero, 160/60-17 trasero. Este fue probablemente el cambio individual más importante. Los neumáticos diagonales de perfil alto de la primera generación limitaban el agarre y la confianza en ángulo de inclinación. Los radiales nuevos permitían inclinar más, con más agarre y con mejor sensación de adherencia. Además, el ancho trasero de 160 milímetros abría el acceso a toda la gama de neumáticos deportivos del mercado, permitiendo a los propietarios montar desde neumáticos touring económicos hasta semi-slicks de competición según su preferencia.

La instrumentación era completamente electrónica con agujas accionadas por motores stepper —mismo sistema que la Hayabusa—, que hacían su calibración automática al encender el contacto. Iluminación por LED en lugar de bombillas incandescentes, reduciendo el consumo eléctrico y mejorando la fiabilidad. Desde 2002 se añadió indicador de combustible de serie, eliminando una queja recurrente de los propietarios de la primera generación que tenían que calcular la autonomía manualmente.

Su estética se modernizó manteniendo la identidad Bandit. La versión S —semicarenada— recibió un nuevo semicarenado con doble faro proyector y una pequeña cúpula, reemplazando el carenado «bikini» minúsculo de la primera generación. El colín trasero era más integrado y estético. Las ruedas de aleación de tres radios sustituían las de cinco radios originales. El conjunto era visualmente más coherente y moderno sin perder el carácter naked que definía la moto.

Motor: el mismo bloque, pero mejor donde importa

El motor seguía siendo el tetracilíndrico de 599 centímetros cúbicos67 × 42.5 milímetros de diámetro y carrera— refrigerado por aire y aceite, cuatro tiempos DOHC con 16 válvulas, derivado de la GSX600F y con origen último en la GSX-R750 refrigerada por aire/aceite de primera generación. Suzuki no lo cambió fundamentalmente porque no necesitaba cambiarlo: era un motor probado, fiable, económico de fabricar y fácil de mantener.

Pero sí lo optimizó exactamente donde la primera generación fallaba. Los carburadores nuevos incorporaban sensor de posición del acelerador —TPS— conectado al sistema de encendido, permitiendo mapas de inyección más precisos según la apertura del gas. Los pistones eran los mismos de la Katana 600, con un mejor diseño de segmentos que mejoraba el sellado y reducía la fricción. El escape se modificó para mejorar el flujo en medio régimen. El resultado era un motor que entregaba entre 78 y 80 caballos a 10.500 revoluciones por minutocuatro más que la primera generación— pero, más importante, entregaba ese par motor de forma más progresiva y usable desde más abajo.

La primera generación era hueca notoriamente debajo de las 6.000 revoluciones por minuto. Había que mantener el motor por arriba de ese régimen para tener un empuje convincente, lo que significaba muchos cambios de marcha en ciudad y una conducción nerviosa en carretera. Esta segunda iteración mejoró esto sustancialmente mediante la resintonización de carburadores y escape. El motor seguía siendo un tetracilíndrico de alta revolución que daba lo mejor arriba de las 7.000 revoluciones por minuto, pero ahora tiraba con más convicción desde las 4.000 revoluciones por minuto, facilitando una conducción relajada en ciudad y adelantamientos rápidos sin necesidad de bajar dos marchas.

Suzuki hizo una mejora adicional en el modelo 2005 —último año de producción— específicamente para corregir la «ligera falta de par» que seguía siendo una crítica recurrente. No hay datos técnicos específicos publicados sobre qué cambió exactamente, pero los propietarios reportaron una mejor respuesta en bajo y medio régimen en las unidades de 2005 comparadas con las de 2000-2004.

El consumo era razonable para un tetracilíndrico: entre cinco y seis litros a los 100 kilómetros en uso mixto, y unos 4,5 litros a los 100 kilómetros en carretera tranquila. El depósito de 20 litros daba una autonomía real de entre 300 y 350 kilómetros antes de la reserva. La fiabilidad era legendaria: el motor GSX-R aire/aceite estaba sobradamente probado, y la resintonización Bandit lo hacía aún más conservador y duradero. Cambios de aceite cada 6.000 kilómetros, bujías cada 12.000 kilómetros y ajuste de válvulas cada 24.000 kilómetros. Mantenimiento simple, piezas baratas y fiabilidad absoluta.

Suzuki GSF 600 Bandit S (3)

La última naked con motor GSX-R clásico antes del fin de una era

La Bandit 600 S de segunda generación se fabricó hasta 2004, con las últimas unidades vendidas en 2005. Suzuki la discontinuó porque las normativas anticontaminación Euro 3 —obligatorias desde 2006— hacían muy difícil justificar un motor refrigerado por aire/aceite con carburadores. La inyección electrónica era técnicamente posible, pero Suzuki decidió que tenía más sentido desarrollar un motor completamente nuevo refrigerado por agua específicamente para cumplir con las normativas futuras.

En el año 2007 lanzó la Bandit 650, con un motor bicilíndrico en V de 656 centímetros cúbicos refrigerado por agua con inyección electrónica, 78 caballos y emisiones Euro 3 cumplidas holgadamente. Era una moto completamente diferente: motor nuevo diseñado desde cero, chasis nuevo y filosofía nueva. Funcionó comercialmente —la Bandit 650 también se vendió bien— pero ya no era una Bandit en el sentido original. Ya no llevaba motor derivado de GSX-R. Ya no era la última moto que conectaba directamente con la era dorada de las superbikes japonesas refrigeradas por aire/aceite de los ochenta.

Esta Bandit 600 S de segunda generación fue la última moto que podía trazar su linaje directo desde la GSX-R750 original refrigerada por aire/aceite —1985— ; luego la GSX600F y finalmente la Bandit 600. Fue la última vez que Suzuki usó ese motor en producción. Fue la última naked de media cilindrada con motor tetracilíndrico refrigerado por aire/aceite que Suzuki fabricó. Después de 2005, todo fue refrigeración líquida, inyección electrónica y normativas Euro cada vez más estrictas.

Legado: decenas de miles vendidas, legión de fans, mercado de segunda mano robusto

Suzuki vendió decenas de miles de Bandit 600 de segunda generación entre 2000 y 2005. No hay cifras oficiales publicadas, pero las ventas fueron masivas en toda Europa, especialmente en el Reino Unido, Francia, España y Alemania. Era una de las motos de escuela más recomendadas: suficientemente potente para no aburrirte después de seis meses, suficientemente manejable para no intimidar a principiantes y suficientemente fiable para no dejarte tirado.

Hoy en día hay una legión de fans de la Bandit 600. Clubs de propietarios, foros activos y grupos de Facebook con miles de miembros compartiendo consejos de mantenimiento, rutas y modificaciones. La Bandit tiene reputación de ser prácticamente indestructible si se mantiene mínimamente bien: cambios de aceite regulares, cadena engrasada y válvulas ajustadas cada 24.000 kilómetros. Hay Bandits con 100.000 kilómetros, 150.000 kilómetros, incluso más de 200.000 kilómetros rodando perfectamente con el motor original.

El mercado de segunda mano es robusto. Una Bandit 600 S de segunda generación en buen estado con un kilometraje razonable —entre 30.000 y 50.000 kilómetros— vale entre 2.000 y 3.500 euros según el año y la condición. Las unidades de 2004-2005 —las últimas, con catalizador— se venden más caras. Las de 2000-2001 —las primeras— son más baratas pero mecánicamente idénticas. Las versiones naked —N— son ligeramente más baratas que las carenadas, aunque la diferencia es pequeña.

Sus problemas típicos son conocidos y fáciles de corregir: escape que se oxida rápidamente —especientemente en zonas costeras o donde se usa sal en invierno—, espejos que vibran excesivamente a ciertas revoluciones —molesto pero no grave— y un grifo de gasolina que a veces falla —pieza barata de reemplazar—. Fuera de eso, son motos fiables que simplemente funcionan.

Las modificaciones más comunes son: escape aftermarket —Arrow, Akrapovic, Scorpion— para mejorar el sonido y reducir el peso, manillar más bajo o más alto según preferencia, protectores de carenado, puños calefactables para uso invernal y parabrisas más alto en la versión S para mejorar la protección. La Bandit acepta modificaciones fácilmente y hay un mercado enorme de piezas aftermarket.

Suzuki Bandit 600 S con escape IXIL

En esta imagen vemos una Bandit 600 S con un silencioso IXIL, un cambio habitual en la época

Conclusión: el refinamiento perfecta del concepto original

La Suzuki Bandit 600 S de segunda generación —2000-2005— no inventó nada. No fue revolucionaria. No estableció récords de potencia, velocidad o tecnología. Simplemente tomó un concepto que funcionaba —naked polivalente con motor probado— y lo perfeccionó corrigiendo sistemáticamente cada defecto de la primera generación.

Chasis nuevo más rígido y deportivo, suspensión ajustable, frenos mejorados, neumáticos radiales, motor optimizado en medio régimen, instrumentación electrónica y estética modernizada. Todo lo que la Bandit original debería haber sido desde 1995, Suzuki finalmente lo entregó en el año 2000.

Llegó justo a tiempo, antes de que las normativas anticontaminación hicieran imposible justificar motores refrigerados por aire/aceite con carburadores. Esta Bandit 600 S de segunda generación fue la última y mejor expresión del concepto naked polivalente con motor GSX-R clásico. Cinco años después, ese tipo de moto dejaría de existir, reemplazada por motores refrigerados por agua con inyección electrónica que cumplían normativas pero que ya no tenían la conexión directa con la era dorada de las superbikes japonesas de los ochenta.

599 centímetros cúbicos, cuatro cilindros en línea, refrigeración aire/aceite, 80 caballos, carburadores con sensor de posición del acelerador, chasis de acero renovado, suspensión ajustable, frenos Tokico, neumáticos radiales e instrumentación electrónica. La moto que Suzuki debería haber lanzado en 1995. La última Bandit con motor GSX-R clásico antes del fin de una era. Y probablemente, una de las mejores motos polivalentes de media cilindrada que Suzuki ha fabricado jamás.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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