Moto del día: Kawasaki VN1700 Voyager Custom

Moto del día: Kawasaki VN1700 Voyager Custom

La musculosa alternativa japonesa a las bagger de Milwaukee


Tiempo de lectura: 6 min.

La Kawasaki VN1700 Voyager Custom llevaba maletas, radio, control de crucero y casi 384 kilos de peso, pero su carenado bajo, sus tapas negras y su frontal ancho parecían sacados de un coche deportivo americano. Era la versión más radical de una familia de grandes custom japonesas y, con ella, Kawasaki quiso plantarse frente a las bagger de Milwaukee con una receta propia: mucho par, equipamiento de viaje y una estética más agresiva que la de sus hermanas.

A finales de la primera década de los dos mil, el segmento de las grandes cruceros de viaje seguía siendo territorio casi exclusivo de Harley-Davidson. Sus modelos con carenado y maletas —las llamadas bagger— habían convertido una fórmula nacida en Estados Unidos en todo un estilo de vida: motos anchas, bajas, cómodas y reconocibles a distancia, pensadas para recorrer largas distancias sin renunciar a una imagen contundente. Kawasaki llevaba años presente en ese terreno con su gama Vulcan, pero sus propuestas no habían logrado desbancar a las americanas en su propio mercado. La marca de Akashi disponía, sin embargo, de una ventaja evidente: podía aplicar a un formato tradicional soluciones técnicas modernas, desde la inyección electrónica y el acelerador electrónico hasta sistemas de frenada asistida que en aquellas custom no eran habituales.

La VN1700 Voyager Custom llegó como el cuarto y último modelo de la familia VN1700, por debajo de la Voyager con baúl y junto a las Classic y Classic Tourer. Su planteamiento partía de la base de la Voyager, pero no se limitaba a eliminar el baúl trasero: incorporaba tapas de motor, cubiertas laterales, guardabarros trasero y tapas de alforjas específicas. El resultado era una bagger de líneas angulosas, acabados negros y una única decoración disponible, concebida para enfrentarse directamente a la Harley-Davidson Street Glide y a la Victory Cross Country.

Imagen inspirada en los coches deportivos americanos

Su frontal era el elemento que mejor resumía la intención del modelo. El faro cromado iba flanqueado por dos cubiertas de tipo aberturas, sustituibles por luces antiniebla, mientras que un deflector bajo y ahumado acentuaba la sensación de altura reducida. Rueda delantera, horquilla y protectores de barra vestían en negro, y el carenado recordaba más a un deportivo americano que a la clásica imagen cromada de las cruceros japonesas.

El conjunto medía 2.510 milímetros de largo, con una distancia entre ejes de 1.665 milímetros y una altura de asiento de solo 730 milímetros. Aun así, con el depósito lleno se acercaba a los 384 kilos, una cifra que obligaba a tener cuidado al sacarla de la acera o maniobrar a pie. Una vez en marcha, el centro de gravedad bajo y el asiento bajo la hacían notablemente más estable de lo que sugería su tamaño. El puesto de pilotaje reforzaba esa sensación de vehículo grande. La cúpula ahumada, ancha y baja, los altavoces del sistema de audio y una instrumentación de aire automovilístico —con anillos rojos, iluminación naranja y varias pantallas— contribuían a que la Voyager Custom se sintiera más próxima a un descapotable de gran cilindrada que a una moto convencional.

Un motor bicilíndrico hecho para empujar

Un enorme bicilíndrico en V de 1.700 centímetros cúbicos, refrigerado por líquido, con distribución por árbol de levas en culata y ocho válvulas, daba vida al modelo nipón. Kawasaki lo había desarrollado para priorizar el par: declaraba 73 caballos a 5.000 revoluciones por minuto y 136 Nm a 2.750 vueltas. Una prueba realizada por la revista Motociclismo midió cerca de 70 caballos y casi 12 mkg en banco, cifras que explicaban bien su carácter. Con semejante masa que mover, las aceleraciones no resultaban fulgurantes, pero la entrega era abundante desde régimen bajo y permitía circular con una sexta marcha claramente larga. Por encima de las 4.000 vueltas vibraba algo y el par comenzaba a decaer, de modo que para adelantar convenía bajar a quinta o cuarta.

La transmisión final era por correa, con una banda de 26 milímetros reforzada con fibra de carbono. Kawasaki destacaba su mayor resistencia a la tensión frente a una correa de aramida equivalente, además de reducir mantenimiento, peso y dimensiones. El cambio de seis relaciones incorporaba accionamiento de tipo punta-tacón, aunque las pruebas señalaban un tacto algo duro y sonoro.

Kawasaki VN1700 Voyager custom (2)

Para garantizar una frenada homogénea en una motocicleta de casi 384 kilos, la Kawasaki VN1700 Voyager Custom estrenó el sistema K-ACT de segunda generación, una tecnología de frenada combinada capaz de calcular en tiempo real la velocidad de ambas ruedas y la fuerza aplicada para repartir electrónicamente la presión entre los discos delanteros y traseros sin descolocar el chasis

Comportamiento dinámico y frenada asistida

A pesar de sus proporciones, la Voyager Custom se movía con más agilidad de la esperada. Desde unos 10 kilómetros por hora mostraba nobleza, mantenía bien la trazada en curvas lentas y no tendía a caerse hacia el interior. El límite llegaba antes por las grandes plataformas, que acababan rozando el asfalto, que por una falta de confianza en la rueda delantera.

Las suspensiones eran de concepción sencilla, con una horquilla telescópica de 45 milímetros delante y un basculante con doble amortiguador de aire detrás. Estos últimos disponían de regulación remota de la amortiguación en extensión. Según las pruebas de la época, aguantaban bien las cargas de aceleración y frenada, y filtraban los baches con un confort poco habitual en una moto de este tipo. La frenada era uno de sus argumentos más modernos. Montaba el sistema K-ACT con antibloqueo de segunda generación, que repartía la fuerza entre ambos trenes según la acción del piloto sobre la maneta y el pedal. Por sí sola, la maneta no ofrecía una potencia extraordinaria, pero al combinarla con el pedal el conjunto resultaba eficaz y permitía detener la moto con rapidez.

Equipamiento de gran viajera

Como bagger que era, llevaba maletas laterales, radio con mandos en la piña, control de crucero activable entre 47 y 137 kilómetros por hora desde tercera marcha, acelerador electrónico y una instrumentación completa con marcha engranada, niveles, consumo medio, autonomía y doble cuentakilómetros. El sistema de audio tenía potencia suficiente para escucharse sin problemas a 160 kilómetros por hora, y la guantera izquierda, con cierre y función de carga, estaba pensada para alojar un reproductor de música. La protección aerodinámica era buena, con un pequeño rebufo que no llegaba a resultar molesto, y la postura de conducción favorecía las largas jornadas.

Kawasaki construyó una bagger que no imitaba a las americanas solo por fuera. Con su motor de gran par, su equipamiento y una imagen más oscura y musculosa, la VN1700 Voyager Custom ofrecía una alternativa japonesa seria dentro de un segmento dominado por Harley-Davidson: enorme, cómoda y lenta de reacciones, pero mucho más capaz de lo que su aspecto hacía pensar.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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