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Moto del día: BMW G 650 Xmoto

Porque en baviera también hacen supermotards (a veces)

Moto del día: BMW G 650 Xmoto

La BMW G 650 Xmoto forma parte del trío de modelos que se sacaron de la manga en Baviera derivados de la BMW G 650 GS. Estaban la G 650 Xchallenge, la G 650 Xcountry y nuestra protagonista de hoy: la Xmoto,  que era algo así como la interpretación germana de cómo tenía que ser una supermotard.

BMW estuvo fina con esta maniobra, al compartir la misma plataforma entre diferentes modelos y aplicar sutiles cambios en su ergonomía y componentes, para así atacar a diferentes segmentos. Sin embargo, estas motos pasaron con más pena que gloria por el mercado, luego veremos por qué.

Llegaron a los concesionarios en 2008 y el objetivo era buscarle nuevos usos al sempiterno monocilíndrico Rotax de 650 cm3 que venía usándose desde principios de los 90, eso sí, con diferentes actualizaciones y, de hecho, en la familia G la mecánica se ensamblaba en China por el fabricante asiático Loncin, algo que no mermaba un ápice su calidad, en contra de lo que podamos pensar.

BMW G 650 Xmoto 6

La BMW G 650 Xmoto era una supermotard, algo así como una moto de campo con ruedas lisas y una agilidad bestial. Una moto para hacer el «gamberrete» por ciudad a base de invertidos y caballitos, y que donde verdaderamente brillaba era en tramos muy virados de curvas lentas, ya que tanto por mecánica como por aerodinámica la cosa dejaba de tener sentido a nada que la carretera se despejase.

El monocilíndrico de 650 cm3 tenía el típico carácter percherón de mucho par a medio régimen, pero le faltaba pegada arriba. La potencia rondaba los valores de siempre, erogando el motor 53 CV a 7.000 vueltas, en una época en la que el carné A2 aún no había entrado en funcionamiento.

Comercialmente siempre vivió a la sombra de la KTM Duke III y la KTM SM 690, motos que en concepción buscaban lo mismo, pero es que el monocilíndrico de KTM corría (y mucho) mientras que el viejo Rotax siempre estuvo diseñado desde el principio buscando la fiabilidad y la economía de uso.

BMW G 650 Xmoto 14

No en vano, hay por ahí pululando muchas GS monocilíndricas con este motor y más de 100.000 km en el marcador. Corregidme si me equivoco, pero todavía no he visto ninguna KTM con el mono 690 llegar a esa cifra. Al final, cada cosa es para lo que es, y tanto en Baviera como en Mattighofen saben muy bien el carácter que quieren conferirle a sus productos. Así que en el fondo la Xmoto se batía el cobre con las supermotard más tranquilas, como por ejemplo la familia XT de Yamaha.

Tanto la BMW G 650 Xmoto como sus hermanas diferían bastante en cuanto a ciclística y estética del modelo «madre», que era la GS. La Xmoto montaba una masiva horquilla invertida de 45 mm de diámetro y unos impresionantes 270 mm de recorrido. El freno frontal corría a cargo de una «paellera» de 320 mm con pinza de cuatro pistones firmada por Brembo.

Estéticamente era un conjunto que trasmite ligereza. La moto está prácticamente desnuda, especialmente en la zaga, muy estrecha y estilizada. No cuenta con las voluminosas fibras de la GS y además es bastante más estrecha tanto a nivel del «falso» tanque de combustible como en el asiento. Y de hecho, esta ligereza visual lo era también física, ya que la moto pesaba solo 147 kg en seco, una cifra idéntica a la de las KTM arriba mencionadas.

Decía que estas motos se vendieron mal en el mercado y es que su principal escollo era el precio: 8.500 euros pedían por la BMW G 650 Xmoto, y por apenas 200 euros más tenías la KTM Duke 690 que… era más moto. La otra pega es que tenía el asiento a 88 centímetros de altura y eso hacía que montarse en una fuese especialmente complicado si no eras jugador de baloncesto.

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Sobre mí

Gonzalo Lara Camarón

Ingeniero de software a tiempo completo y apasionado del motor en mis ratos libres. Los coches me gustan desde que tengo memoria, pero fue descubrir las motos y la “enfermedad” fue a peor. Mi sueño es recorrer todos los rincones del mundo sobre dos ruedas.

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Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.