La aparición de la Bultaco Frontera 370 en 1976 supuso un auténtico golpe de autoridad en un mercado donde las firmas españolas empezaban a mirar de tú a tú a las todopoderosas marcas centroeuropeas. Este modelo, conocido internamente como Modelo 160, nació directamente de la experiencia acumulada en los Seis Días Internacionales de Enduro –ISDE– y de la evolución constante del mítico piloto Narciso Casas. No era una simple actualización; era una declaración de intenciones.
Lejos de ser una simple evolución estética de la anterior 360, esta máquina estrenaba un chasis derivado directamente del motocross –de las Pursang– y un motor que, por fin, buscaba la eficacia mediante una entrega de potencia más progresiva y utilizable en tramos complicados. En aquellos años, las marcas españolas dominaban el trial, pero el enduro –o “todo-terreno” como se decía entonces– era un campo de batalla mucho más salvaje donde la fiabilidad mecánica se ponía a prueba en cada trialera.
Un motor que engaña con su nombre
Resulta curioso comprobar que la denominación comercial de esta Bultaco no se ajustaba con precisión a la realidad mecánica del cilindro. Aunque el depósito de combustible lucía con orgullo el número 370, la cilindrada real se quedaba en 363,2 centímetros cúbicos. Esto se lograba tras combinar un generoso pistón de 85 milímetros con una carrera de 64 milímetros, una configuración de carrera corta que buscaba alegría en la zona alta sin perder bajos.
Esta configuración permitía extraer 33 caballos de potencia, una cifra muy respetable para la época que destacaba más por su generoso par motor que por una explosividad descontrolada. El carburador Bing de 36 milímetros gestionaba el flujo de combustible hacia un cilindro de cuatro transferencias, logrando una respuesta contundente desde muy bajas revoluciones. Era precisamente esta capacidad de tracción la que facilitaba el ascenso por las trialeras más exigentes, donde otras motos se quedaban “muertas” o excavaban el terreno sin avanzar.
Suspensiones: Volar bajo tiene un precio
Muchos entusiastas de la época celebraron la adopción de la horquilla de eje avanzado con 240 milímetros de recorrido, una solución heredada directamente de las Pursang de gran premio. Sin embargo, no todo era perfecto. Las pruebas de la época revelaron pronto que el tarado de los muelles era excesivamente blando para un uso intensivo. Esto provocaba topes frecuentes cuando el piloto intentaba rodar a un ritmo profesional o se enfrentaba a saltos de cierta entidad.
En la parte trasera, los amortiguadores Betor de gas hacían un trabajo digno y eran lo mejorcito del mercado auxiliar español, aunque la geometría del conjunto obligaba a la suspensión posterior a trabajar de forma algo forzada para compensar las carencia del tren delantero. A pesar de estas limitaciones técnicas –fáciles de corregir con un poco de “maña” mecánica–, la estabilidad en línea recta era soberbia gracias a un chasis de acero al cromo-molibdeno que aportaba la rigidez necesaria para no “flanear” a alta velocidad.
La Frontera 370 no era solo una moto de enduro, era una herramienta de precisión que exigía un físico de hierro para ser domada
Detalles técnicos y puntos de mejora
Entre los componentes más alabados de esta Frontera se encontraba, sin duda, su freno delantero de 140 milímetros. Era capaz de detener los 110 kilogramos de la moto con una potencia inédita en el campo en aquellos años. Por el contrario, el freno trasero recibía críticas constantes por su falta de mordiente y un tacto difícil de dosificar, algo que podía comprometer la trazada en bajadas pronunciadas con barro.
La caja de cambios de cinco velocidades también presentaba un escalonamiento algo peculiar. La primera marcha resultaba demasiado larga para zonas muy cerradas, lo que obligaba al piloto a jugar en exceso con el embrague, castigándolo más de la cuenta. Estos detalles recordaban al usuario que, bajo su piel de moto de serie, latía el corazón de una unidad de carreras pura. Con un consumo medio de unos 7 litros cada cien kilómetros, permitía jornadas largas, aunque el verdadero límite lo solía poner el físico del piloto.
Hoy en día, esta primera variante de la saga 370 es una pieza de colección codiciada. Fue el modelo que pavimentó el camino para las posteriores y míticas MK11 y MK12, demostrando que el ingenio de los técnicos de San Adrià de Besòs podía plantar cara a cualquier gigante europeo. Es una moto que encarna una época dorada donde el enduro se escribía con esfuerzo, barro y ese inolvidable olor a mezcla de aceite de dos tiempos.


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Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS