Moto del día: Gilera RC 250 Rally

Moto del día: Gilera RC 250 Rally

38 caballos y aroma a mezcla: cuando Gilera decidió que el desierto se podía conquistar con un motor de dos tiempos.


Tiempo de lectura: 3 min.

La Gilera RC 250 Rally fue una auténtica “rara avis” en un mercado que, a finales de los años ochenta, empezaba a sucumbir a la lógica de los cuatro tiempos. Mientras los gigantes japoneses buscaban la robustez y la polivalencia para el gran público con modelos más descafeinados, la marca italiana decidió que la emoción pura de los dos tiempos podía casar perfectamente con la estética agresiva del París-Dakar. El resultado de este atrevimiento fue una máquina que hoy es considerada un auténtico unicornio para los coleccionistas y una oda a la época más pasional y técnica del motociclismo europeo de campo.

Presentada oficialmente en mil novecientos ochenta y siete, la RC 250 Rally no era una simple adaptación de una moto de enduro con plásticos llamativos; era casi una “carreras-cliente” con luces y matrícula. Su motor monocilíndrico de doscientos cuarenta y nueve centímetros cúbicos era un prodigio técnico para su tiempo: contaba con refrigeración líquida, admisión por láminas directamente al cárter y una válvula de escape electrónica que era la clave de su doble personalidad. Este sistema transformaba lo que podía parecer una dócil montura de paseo en una bestia capaz de rendir treinta y ocho caballos. Para una motocicleta que apenas paraba la báscula en los ciento dieciocho kilos en seco, esa cifra de potencia era dinamita pura en cuanto el cuentavueltas escalaba con rabia hacia la zona roja.

Gilera RC 250 Rally moto del día (2)

Herencia de competición y autonomía de raid

Lo que realmente hacía que la Gilera destacara entre la multitud de la época era su imponente estampa de “raid”. No buscaba ser una “enduro” fina y minimalista para salidas de fin de semana; su enorme depósito de veintidós litros de capacidad le confería esa silueta “cabezona” tan característica de las motos oficiales que cruzaban el desierto del Ténéré. Esta solución no era solo estética, ya que permitía una autonomía impensable para una mecánica de dos tiempos, famosa por su sed de combustible. Además, venía equipada con componentes que eran pura envidia para la competencia: una horquilla delantera invertida firmada por Marzocchi con barras de cuarenta milímetros y un sistema de frenado con discos en ambos ejes que funcionaba con una precisión milimétrica, algo vital para detener la moto en terrenos sueltos.

En marcha, la RC 250 Rally exigía compromiso. Por debajo de las cinco mil revoluciones por minuto se comportaba de forma civilizada, permitiendo un uso urbano donde su mítica decoración en rojo y blanco captaba todas las miradas. Sin embargo, su verdadero carácter afloraba en las pistas rápidas de tierra. Allí, el sonido metálico de su escape y la contundente patada del motor recordaban que bajo el asiento había una máquina diseñada para ganar etapas. Era capaz de alcanzar una velocidad punta de ciento cuarenta y cinco kilómetros por hora, pero su mayor virtud era la ligereza, que permitía al piloto “volar” sobre las irregularidades del terreno con una agilidad que ninguna trail de cuatro tiempos podía siquiera soñar.

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Sobre mí

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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