Moto del día: Sachs MadAss 125

Moto del día: Sachs MadAss 125

La prueba real de que menos es más a la hora de divertirse


Tiempo de lectura: 3 min.

Dicen que para divertirse no hace falta grandes sofisticaciones. Dos ruedas, un manillar, un motor y unos frenos son suficientes. Y la prueba viviente la tenemos en la Sachs MadAss 125, una moto minimalista pensada para divertirse en la ciudad. Es de esas motos en las que una sonrisa aflora en tu cara en cuanto te subes a ella.

Seguro que en alguna ocasión habéis oído hablar de Sachs, pues no en vano es una de las marcas de vehículos más antiguas, y su fundación se remonta nada menos que a 1895. A lo largo de los años ha sufrido varias fusiones y compras, pero sigue manteniendo parte de su nombre original. Ahora está centrada sobre todo en la fabricación de componentes para vehículos híbridos además de embragues, convertidores de par, volantes bimasa, suspensiones y en las fábricas de Asia, e-bikes.

De hecho la Sachs MadAss 125 parece más una bicicleta que una motocicleta, tanto por su tamaño como por el hecho de que no tiene nada que no sea necesario. Su diseño se remonta nada menos que a la Presto Saxonette de finales de los años 30. Los 70 años de evolución dieron como resultado la aparición de la MadAss 125 en 2004 (también hay versión de 50). Ah, el nombre de MadAss se traduce como “burro salvaje” y no como “culo loco”.

Sachs MadAss 125

Lo primero que llama la atención es el cuadro, formado por dos tubos de acero cruzados. El que une la pipa de la dirección con el basculante cuenta en su interior con el depósito de gasolina (4,6 litros), mientras que el horizontal sujeta el asiento y el escape que discurre por debajo de él. El basculante es de tipo “banana” conectado a un monoamortiguador regulable en precarga.

El origen del motor se encuentra en el fabricante japonés Honda, aunque es fabricado bajo licencia por Sachs. Desarrolla 11 CV para sus 119,7 cc (monocilíndrico de cuatro tiempos), suficientes para alcanzar los 90 km/h si tenemos en cuenta que pesa escasamente 95 kg. Eso sí, dicen las malas lenguas que con cuatro arreglos eres capaz de extraerle suficiente “chicha” al motor para que roce los 120 km/h. La caja de cambios es de cuatro velocidades.

Una horquilla telescópica sencilla delante, freno de disco de 260 mm y 215 mm (delante y detrás) así como neumáticos de 90/90 R16 y 120/80 R16 son todas las comodidades de las que podemos disfrutar. La iluminación está formada por dos ópticas tipo lupa montadas de forma vertical en una estructura vista.

Visualmente no es la moto más bonita, aunque algunas versiones en colores llamativos sí que le hacen lucir diferente. Por desgracia aquí no se comercializó, por lo que es imposible conseguir una a no ser que la traigamos de fuera, y seguramente sería imposible de matricular. En Estados Unidos la conocen como Xkeleton Trickster y en Canadá, como AMG Nitro. Una pena, o no, porque con una de estas entre manos acabaría uno haciendo más gamberradas incluso habiendo pasado ya ampliamente la cuarentena.

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Nací entre las historias de mi abuelo sobre su Derbi 125 Especial y el terrorífico sonido del escape 4 en 1 de la GPX 600 de mi tío y la belleza de su Vmax 1200. Mi padre, fue mi primer profesor con su viejo SEAT 127, y mi madre, cuenta que aprendí las marcas de los coches antes que el alfabeto.

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Todo vehículo tiene al menos dos vidas. Así, normalmente pensamos en aquella donde disfrutamos de sus cualidades. Aquella en la que nos hace felices o nos sirve fielmente para un simple propósito práctico. Sin embargo, antes ha habido toda una fase de diseño en la que la ingeniería y la planificación financiera se han conjugado para hacerlo posible. Como redactor, es ésta la fase que analizo. Porque sólo podemos disfrutar completamente de algo comprendiendo de dónde proviene.