Ultraviolette F77: el misil eléctrico con nombre de perfume

Ultraviolette F77: el misil eléctrico con nombre de perfume

Una moto eléctrica que promete emocionar como ninguna otra


Tiempo de lectura: 4 min.

Hay nombres que suenan a colonia cara, a esas que se anuncian con modelos mirando al horizonte y luego está la Ultraviolette F77, que huele a ozono y goma quemada. Este modelo indio, que aterriza en España con la promesa de ser el misil eléctrico que le quita el sueño a las Zero, a las Energica y cualquier marca que piense que una moto eléctrica tiene que ser aburrida.

No es una marca cualquiera, nació en la cuna tecnológica de India, Bangalore y su ambición es más grande que su nombre: “crear la moto eléctrica más rápida, tecnológica y deseable del mundo”. Con una estética propia de una película de ciencia ficción, es la punta de lanza de ese sueño, una criatura que parece escapada de Tron, pero con matrícula europea.

Su llegada a España no es capricho. Las Zero dominan, las Energica impresionan y los chinos empiezan a llenar las ciudades con modelos asequibles. Eso sí, faltaba alguien que mezclara estilo, rendimiento y un toque de locura futurista.

Un misil de película matriculable

Si los diseñadores de juegos como Cyberpunk 2077 decidiesen hacer motos, saldría algo como esto. Con líneas agresivas, que parece que podría atravesar la barrera del sonido con solo un simple vistazo. No hay cromados, ni curvas dulces, ni concesiones a la nostalgia, solo hay ángulo, tensión y aerodinámica pura. No quiere parecer eléctrica, sino una moto del futuro llevada al extremo.

Ultraviolette F77 (2)

El carenado frontal tiene una gran personalidad con faros LED afilados como cuchillas, una silueta compacta y un colín que parece un avión. Con un chasis multitubular en aluminio con paneles modulares que permiten un rápido acceso a la batería, es una moto que se disfruta mirándola y conduciéndola.

Es una moto que no suena, pero impone. Con una mirada de androide cabreado, te hace pensar que se trata de un prototipo olvidado en algún laboratorio. La Ultraviolette ha decidido apostar por la estética de la velocidad pura con un gran descaro.

La brutalidad silenciosa

Debajo del chasis hay una bestia eléctrica con 30,2 kW de potencia (40 CV) y más de 100 Nm de par motor. Es como si se tratase de una catapulta, capaz de alcanzar los 100 km/h en 3 segundos, como si de una superdeportiva sin embrague, marchas y vibraciones se tratase.

Viene con una batería modular de 10,3 kWh, lo que supone unos 300 km de autonomía urbana y 200 km de uso realista, junto a carga rápida, una pantalla TFT de 5 pulgadas con una gran conectividad. No hay retardo, ni ruidos, ni drama, solo es pura aceleración lineal y precisa que redefine lo que significa controlar la moto.

El chasis tiene la batería como si una parte estructural más se tratase, con un motor que se integra al basculante y la gestión parece que sea de un caza de combate. Esto es lo que denomina la empresa como “Ecosistema F77”, que es una red digital donde cada moto está conectada a la nube y actualiza su firmware de manera remota, lo que significa que aprenden contigo.

Una Tesla de dos ruedas

La comparación con Zero es inevitable si se tiene en consideración que estos han dominado desde el inicio, pero es una moto más emocional, siendo más provocativa. La etiqueta de “la Tesla de las motos” encaja mejor, no solo por la ambición tecnológica, sino por el concepto. Quieren crear una comunidad, una experiencia que vaya más allá de ir en moto.

Se trata de una declaración de intenciones y representa lo que se viene. Un futuro donde la velocidad no necesita rugir para emocionar, donde la tecnología se convierte en una extensión del piloto y donde la estética se atreve a romper con lo anterior.

Ya es capaz de alcanzar los 150 km/h y lo hace subiendo los datos a la nube de manera automática. Ha entendido que el futuro no es negociable. Puede que el ruido sea historia, pero la emoción no se ha ido a ninguna parte, solo ha cambiado de frecuencia.

 

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Alejandro Delgado

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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