Suzuki GSX-S1000GX: turismo deportivo como nunca lo habías imaginado

Suzuki GSX-S1000GX: turismo deportivo como nunca lo habías imaginado

Una moto que viene dispuesta a quedarse y marcar una nueva era


Tiempo de lectura: 6 min.

A veces el mundo de las motos parece un campo de batalla entre extremos. O llevas una deportiva que te destroza las muñecas, pero te sube el alma a las 12.000 rpm, o te resignas con una maxitrail con maletas, control de crucero y tener ese look de padre de familia que se compró la moto “por seguridad”. Lo que no nos paramos a pensar es que hay algo entre medias. Algo con esa alma de superbike, pero cerebro de rutera. Algo que te permite cruzarte medio país sin pedir cita en el fisio, como es el caso de la Suzuki GSX-S1000GX. 

Se trata de una moto que parece haber salido de una discusión entre moteros e ingenieros, donde se escucharon frases como “quiero que curve como una GSX-R sin que me destroce la espalda, pero que tenga control de tracción suspensiones electrónicas y espacio para una mochilita”, a lo que desde Japón respondieron un escueto “Pa’lante”.

La GX no es una trail disfrazada de deportiva ni una naked vitaminada con maletas. Es otra cosa. Es un nuevo tipo de turismo deportivo o crossover sport- touring, que busca redefinir lo que significa viajar con estilo, rápido y cómodo. Lo mejor es que lo hace sin postureo, sin querer ser más de lo que es. Es japonesa en lo técnico, pero casi italiana en lo emocional, que es donde sabe conquistar.

Suzuki GSX S1000GX (3)

Músculo en traje de viajera

A primera vista, la Suzuki GSX-S1000GX impone. Tiene esa mirada afilada, casi agresiva, de una moto que está lista para comerse el asfalto, pero que en el conjunto es más musculoso que extremo. Han jugado bien sus cartas con faros LED superpuestos, líneas tensas, carenado ancho y una zaga compacta que no renuncia a la practicidad. No es una belleza clásica, pero sí tiene presencia.

Su ADN está ahí, claramente visible, pero tiene un toque más maduro y viajero. Su posición es erguida, el manillar ancho y el asiento a 845 mm del suelo, tiene el equilibrio justo entre confort y control. Los acabados son sólidos, sin excentricidades, pero con ese aire de “esto va a durar tiempo”. A esto hay que sumarle una pantalla TFT de 6,5 pulgadas compatible con Android y iOS.

Se nota que es una moto que va a jugar a otro nivel, sin quererse parecer a nadie y con ese carisma que le hace especial. Tiene su propio carácter visual, donde la elegancia brilla entre tanto músculo. Y eso es lo que hace que sea una Suzuki que vuelva a presumir de diseño.

El corazón de la bestia (y qué corazón)

Debajo de su traje de turismo deportivo, late un corazón que es muy especial. No se han complicado diseñando un motor nuevo, han cogido un poco lo mejor de cada casa y esto hace que tenga un motor muy especial, pero con la mala leche que necesita una moto de sus peculiaridades. Con distribución DOHC, cuatro válvulas por cilindro y una suavidad que es marca de la casa, entrega 150 CV a 11.000 rpm y un par máximo de 106 Nm a 9.250 rpm.

A bajas vueltas se comporta con una gran docilidad que parece que sea una moto eléctrica, pero basta con un simple y pequeño giro de muñeca para que empiece a rugir con esa mezcla perfecta de suavidad japonesa y rabia contenida. En carretera abierta, empuja con tanta autoridad que te hace olvidar lo que llevas debajo, no es una naked vitaminada, es una rutera con alma de superbike.

La magia se encuentra en como han refinado los modales sin perder la esencia. El embrague asistido y antirrebote evita sustos al reducir marchas a lo bestia, mientras que el quickshifter bidireccional permite subir y bajar marchas sin tocar el embrague, que junto a los tres modos de entrega de potencia modifican la respuesta del acelerador.

Lo mejor es que el motor de la GX no te exige ir al corte para divertirte. Te da potencial útil desde muy abajo, tracción generosa en medio régimen y ese estirón final que te recuerda que viene de una GSX-R. Es un propulsor tan equilibrado que parece que es capaz de leer tus intenciones, siendo dócil en ciudad, explosivo en curvas y civilizado en autopista y eso es lo que espera uno de una sport-tourer moderna.

Suzuki GSX S1000GX (2)

El cerebro que piensa por ti

En Suzuki siempre han sido más tradicionales en lo electrónico, pero la GSX-S1000GX es algo distinto. Su corazón es el sistema SIRS, que es un conjunto de ayudas que hace que cada kilómetro sea más preciso, seguro y divertido. Esto viene con una suspensión electrónica Show EERA, que hace que se adapten a cualquier irregularidad.

No solo se ajusta la comprensión y la extensión en tiempo real según el terreno, sino que también tiene modos preconfigurados: duro, medio, blando y auto. Este último es una delicia, donde la inteligencia artificial detecta tu estilo de conducción y se adapta en unas simples milésimas. Puedes pasar de unas curvas enlazadas a autovía, que lo detecta al momento.

A eso, tienes que sumarle el control de crucero, sistema de asistencia en pendiente, la gestión del freno motor y el antiwheelie, todo ello configurado en el menú principal. No hay una sensación de sobreelectroncia, nada interfiere en el pilotaje y eso es su gran triunfo: han conseguido que la tecnología se note cuando tu la necesitas.

Turismo deportiva, sin condiciones ni matices

Aquí es donde la GX rompe con los esquemas. Acelera como una superbike y frena como una deportiva, pero también puedes hacerte 500 km del tirón sin maldecirla ni rezar por una gasolinera cerca en el último momento. El asiento es amplio, las estriberas están en una buena posición y la cúpula, aunque es ajustable manualmente, protege demasiado bien del viento.

El equilibrio entre deportividad y conforto es su gran logro. Puedes atacar las curvas en un modo kamikaze o circular tranquilamente por la autopista, que la moto se adapta. El asiento trasero es generoso, con una posición que no es un castigo. No es una GS Adventure ni una R1, es justo lo que muchos deseábamos sin saberlo.

Es una moto que te hace sentirte en casa, con todo en su posición, respondiendo como nos gusta. Al girar el puño notas ese extra lineal y constante del motor, con una gran agilidad en curvas, siendo precisa y rígida. El chasis es ideal, con un trabajo mecánico envidiable. No es solo la evolución esperada en Suzuki, es un aviso al resto de lo que está por venir.

Se trata de una de las motos que cuesta encasillar y eso es lo mejor que se puede decir de ella. Tiene un motor perfecto, una parte ciclo equilibrada y un confort que te invita a quedarte siempre encima de ella y lo hace teniendo alma, es una moto que busca sensaciones.

En un mercado donde muchas marcas parecen querer reinventar la rueda cada temporada, la GX es una apuesta más simple, cogiendo lo que funciona y hacerlo mejor. Lo hace mezclando lo racional con lo pasional, que hace que te enamores más de ella.

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Alejandro Delgado

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Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.

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