La Alcyon Super Sport 250 resultará poco conocida y poco interesante para muchos, pero representa un momento importante en el devenir de la moto. Presentada a finales de la década de los 20, contaba con un diseño que empezaba a dejar atrás su relación con las bicicletas y tomaba rasgos “de moto”.
Francia siempre tuvo su propio modo de entender la velocidad. Donde los británicos buscaban fiabilidad y los italianos emoción, los franceses apostaban por el equilibrio: motos ligeras, elegantes y con un toque casi artístico. La Alcyon Supersport 250 de finales de los 20 jugaba ese juego.
Alcyon —fundada en 1902 en Courbevoie— ya era una veterana cuando lanzó esta pequeña deportiva. Su nombre, Supersport, no era un alarde publicitario: era una 250 de verdad rápida para su cilindrada, con chasis bajo, depósito en forma de lágrima y escape recto, de esos que parecen pedir pista.
El motor era un Chaise de 246 cc (monocilíndrico, 4 tiempos, válvulas laterales), aunque algunos ejemplares de ese año montaron propulsores JAP o Aubier-Dunne según mercado y disponibilidad. Con una caja de tres velocidades y transmisión por cadena, alcanzaba unos 90 km/h, suficiente para poner a prueba el valor de cualquier piloto de club francés de los años veinte.
Lo curioso de esta 250 no era solo su rendimiento, sino su aspecto: la forma del depósito, el sillín suspendido pero llamativamente bajo y las líneas casi art déco hacían que pareciera una escultura más que una moto. En tiempos de barro y carburadores caprichosos, la Alcyon buscaba algo más: que ir rápido también pudiera ser elegante. Aun así, muchas de las características de la moto eran típicas de aquellos años, como el chasis “hard tail”, la suspensión delantera de paralelogramo… Tenía un pequeñísimo freno de tambor delantero y el accionamiento del cambio todavía era con mando al lado del depósito, para hacerlo con la mano.
Fue una de las últimas deportivas pequeñas de la marca antes de la crisis de los 30. Luego, Alcyon se diluyó entre bicicletas y licencias, pero dejó tras de sí una serie de motos con alma ligera y carácter fuerte. Esta Supersport 250 es la prueba más bonita de aquello.


Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS