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Moto del día: Cagiva C594

Posiblemente, la moto de carreras más bella del mundo

Moto del día: Cagiva C594

La Cagiva C594 fue una corredora de pista producida por la casa de Varese a mediados de la década de los 90. Su actividad fue breve –desde 1994 hasta 1995– en el Campeonato del Mundo de Motociclismo en la categoría de 500 cm3. La Cagiva C594 fue la única moto europea capaz de plantar cara a los fabricantes japoneses, dominadores absolutos de la categoría desde finales de los 80.

Con una experiencia relativamente breve como fabricante independiente de motos, en 1994 desembarcaron en los circuitos con la que es, posiblemente, la moto de competición más bella del mundo. La Cagiva C594 también fue el punto culminante de un ambicioso proyecto de ingeniería, incluyendo algunos juguetes “modernos” como control de tracción, suspensión electrónica de esquina a esquina, la experimentación con un chasis de fibra carbono y toda una serie ayudas que no existían en el momento.

Pero el camino hacia la Cagiva C594 fue largo. La firma italiana realmente comenzó a aparecer en el ojo público cuando Randy Mamola firmó para competir para ella en 1988. Desde entonces, acabarían llegando otros pilotos de gran talento como John Kocinski, Alex Barros, Ron Haslam, Eddie Lawson, Doug Chandler o Matt Mladin, entre otros. Todos ellos fueron campeones de grandes premios que acabarían haciendo evolucionar a la fábrica a pasos agigantados año tras año.

Cagiva C594 2

John Kocinsky y Doug Chandler

La denominación C594 surge a partir de la combinación de la letra “C”, de Cagiva, y los números “5”, de la categoría en la que participaba en el Campeonato Mundial, y “94”, el año en que se presentó la montura

La Cagiva C594 estaba equipada con una unidad de control con tres mapas diferentes para el encendido y la gestión del motor, un contador con pantalla digital estableciendo el corte de inyección a 14.000 RPM, una pipa y anclaje del basculante de aluminio, y el propio basculante en carbono, como las vigas del chasis y, en ocasiones, las llantas. El motor no era tan potente como los de sus rivales nipones, pero mejoraría en la capacidad de gestionar la potencia con la filosofía “Big Bang” que impuso la Honda NSR 500.

El propulsor era un tetracilíndrico en V a 98 grados, de 498 cm3 y dos tiempos, capaz de entregar 185 CV a 12.500 RPM. La velocidad punta era su mayor lastre, pero se mostraba ágil y con gran aceleración gracias a su ligero peso y buena puesta a punto. La masa a impulsar era de 125 kilos, y los neumáticos Michelin y las suspensiones firmadas por Showa marcaban la diferencia frente a sus rivales. Kocinski hacía espectaculares cambios de dirección levantando rueda.

Cagiva C594 3

Cagiva había obtenido sus mejores puestos en Hungaroring en 1992, en Laguna Seca en 1993 y en Eastern Creek en 1994. Justo con este último triunfo, Cagiva estuvo a punto de caer en bancarrota. El sueño por dominar el Campeonato Mundial de Motociclismo acabaría, pero nació una moto icónica y especialmente agradable de ver. Años más tarde, la marca acabaría rindiéndole homenaje con la Cagiva Mito.

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Sobre mí

Luis Blázquez

Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

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Me gustan los coches desde que tengo uso de razón (o antes), las motos siempre me han inspirado mucho respeto, y sin saber cómo, ya me han enganchado.

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Ingeniero de software a tiempo completo y apasionado del motor en mis ratos libres. Los coches me gustan desde que tengo memoria, pero fue descubrir las motos y la “enfermedad” fue a peor. Mi sueño es recorrer todos los rincones del mundo sobre dos ruedas.

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Nací entre las historias de mi abuelo sobre su Derbi “cabeza de hormiga” y el terrorífico sonido del escape 4 en 1 de la GPX 600 de mi tío y la belleza de su Vmax 1200. Mi padre, fue mi primer profesor con su viejo SEAT 127, y mi madre, cuenta que aprendí las marcas de los coches antes que el alfabeto.

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