El lanzamiento de la Honda CB 750 Custom a finales de 1979 representó un movimiento estratégico magistral por parte de la firma de Hamamatsu para dominar el mercado estadounidense, que en aquel momento suspiraba por las líneas relajadas y los cromados abundantes. Mientras que la CB 750F se centraba en el rendimiento deportivo, la variante Custom buscaba seducir a un tipo de motorista que valoraba la presencia estética y el confort por encima de la velocidad punta.
Honda no inventó el concepto, pero sí fue capaz de refinar la idea de la “cruiser” de cuatro cilindros, dotándola de una suavidad de marcha y una fiabilidad que dejaron en evidencia a muchas de las alternativas bicilíndricas de la época.
La guerra de diversificación de los años 80
A principios de la década, la industria japonesa intentaba cubrir cada pequeño nicho demandado por el usuario. El estilo “Custom” ya no era terreno exclusivo de las transformaciones de garaje o de las marcas americanas; los fabricantes nipones comprendieron que el público quería la fiabilidad de sus motores de alta tecnología envuelta en un paquete de manillares altos, asientos escalonados y escapes tipo “megaphone”.
En este contexto, la CB 750 Custom se erigió como la opción equilibrada: lo suficientemente imponente para impresionar en el aparcamiento y lo suficientemente dócil para cruzar un estado de punta a punta sin vibraciones molestas.
Motor DOHC: 16 válvulas de pura elasticidad
La base técnica de esta máquina era el celebérrimo motor de cuatro cilindros en línea con doble árbol de levas en cabeza –DOHC– y 748 centímetros cúbicos, una evolución directa de la planta motriz que había revolucionado el motociclismo una década antes.
- Alimentación: Cuatro carburadores Keihin de 30 mm.
- Potencia: 72 CV a 9.000 rpm.
- Carácter: Un bloque elástico que permitía rodar en marchas largas con un susurro mecánico, ofreciendo aceleraciones brillantes a pesar de su enfoque tranquilo.
Parte ciclo avanzada: Horquilla asistida por aire y llantas Comstar
Una de las señas de identidad de la RC04 era su cuidada parte ciclo, diseñada para una posición de conducción “pull-back” muy relajada. La suspensión delantera confiaba en una horquilla asistida por aire, una solución técnica de vanguardia que permitía ajustar la firmeza según la carga.
Los detalles estéticos no se quedaban atrás: las icónicas llantas de aleación “Comstar” de cinco radios con acabado pulido y el sistema de escape de cuatro salidas independientes le otorgaban un aire de familia con las grandes máquinas de la marca, pero con ese toque de distinción cromada puramente ochentero.
Dinámica en carretera: Una alfombra mágica de 240 kilos
Buscando el comportamiento dinámico, la Custom sorprendía por un aplomo notable en línea recta. Aunque sus geometrías no estaban pensadas para atacar curvas cerradas –donde el peso y el manillar largo pasaban factura–, la moto se movía con una dignidad pasmosa en vías rápidas.
La frenada estaba encomendada a un doble disco delantero, fundamental para detener con seguridad una máquina que superaba los 240 kilos con todos los llenos. Era una moto que invitaba a disfrutar del paisaje, pero con el rugido característico de los cuatro cilindros siempre disponible bajo el puño derecho.
Un pedazo de historia del motociclismo
Invertir en una Honda CB 750 Custom en 1980 era comprar robustez adaptada a la comodidad moderna. Fue el modelo que demostró que el refinamiento japonés podía convivir con la rebeldía estética del custom, creando una fórmula de éxito que Honda seguiría explotando con las sagas Magna. Hoy, ver una unidad bien conservada brillando al sol sigue siendo una de las estampas más elegantes que nos puede regalar el asfalto.


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Javi Martín
Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto, la charla sería de órdago.COMENTARIOS