Moto del día: Rover TT 500

Moto del día: Rover TT 500

Ganadora del premio por equipos en el TT Senior de 1913, fue la motocicleta más deportiva en la historia de Rover


Tiempo de lectura: 4 min.

En base a su larga historia, Rover es una de esas marcas capaces de dar no pocas sorpresas a la afición por los vehículos históricos. De hecho, lo primero que llama la atención es lo amplio de su catálogo de creaciones. De esta manera, a partir de su fundación en 1896 ha producido desde bicicletas hasta modelos Sport Prototipo impulsados por turbina en Le Mans. Asimismo, también ha creado algunos de los automóviles más estilosos para el diseño británico – véase el P5 Coupe con motor V8 – así como más de 10.000 motocicletas entre 1903 y 1924. En suma, a pesar de que algunos aficionados sólo se hayan quedado con la época en la que Rover funcionó en sintonía con Honda, lo cierto es que estamos hablando de una respetable e histórica marca.

Peo vayamos a los comienzos del siglo XX. Una época en la que las barreras entre el ciclismo y el motociclismo seguían resultado más o menos difusas. De hecho, muchas marcas basaban su apuesta comercial en incorporar motores sobre bastidores de bicicleta. No obstante, poco a poco el diseño de los chasis motorizados fue haciéndose cada vez más específico, abriéndose todo un nuevo campo de negocio en el cual la movilidad a pedales quedaba ya muy lejos. De esta manera, en 1902 Rover realizó los primeros ensayos enfocados a pasar de las bicicletas a las motocicletas.

Fruto de ello fue la Rover Imperial. Una máquina con horquillas “springer” y un bastidor monotubo en “loop” al estilo de la época, abrazando por debajo el monocilíndrico con 3,5 CV. Tras esto, la casa británica siguió experimentando con nuevos tipos de chasis. Eso sí, siempre con la fiabilidad y la sencillez de manejo por encima de todo. De esta manera, Rover fue asentando una gama donde el motociclismo se ponía al servicio de las masas, ofreciendo modelos para transportarse de forma eficaz y segura. De hecho, en sus catálogos se hacía no poco énfasis en este último aspecto. Eso sí, hacia 1910 las ventas eran tan propicias que llevaron a pensar en ir un poco más allá.

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En 1903 Rover empezó a fabricar motocicletas después de varios años centrada en las bicicletas, siempre con la visión de producir monturas fiables y seguras

Rover TT 500, una deportiva para funcionar en equipo

Por mucho que Rover quisiera mantener una línea propia, lo cierto es que el aura prestacional irradiado por Peugeot, Norton o Triumph obligaba a tener un modelo de buen rendimiento en la gama. Así las cosas, en 1910 se encargó al ingeniero John Greenwood el diseño de un nuevo motor con medio litro de cilindrada. Además, el encendido habría de ser mediante un magneto al tiempo que la carburación debería satisfacer las ansias de velocidad. Y es que, no en vano, lo que estaba en juego era la fabricación de un modelo capaz de competir con dignidad en carreras como el TT de la Isla de Man.

Con su primera edición celebrada en 1907, esta competición se instauró rápidamente como el mejor lugar no sólo para probar futuros modelos de serie, sino también para proyectar una excelente imagen de marca en caso de lograr triunfos. De hecho, aún a día de hoy sigue siendo una de las referencias indiscutibles para el motociclismo deportivo a pesar de la evidente peligrosidad inherente a su trazado por calles y carreteras.

Llegados a este punto, en 1910 Rover presentó aquella motocicleta con motor de 499 centímetros cúbicos, cuatro tiempos, 3,5 CV y cambio de tres velocidades. De hecho, el éxito fue inmediato, registrándose en los propios días varias decenas de pedidos. No obstante, la casa británica no olvidaba en absoluto el objetivo para el cual había desarrollado aquella nueva mecánica. Por ello, de cara a competir en el TT Senior Rover formó un equipo de fábrica que, en verdad, no compitió con el modelo presentado en 1910.

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Aquella victoria por equipos significó un punto álgido para la marca, dando a entender las posibilidades del motor con medio litro

Lejos de ello, el bastidor se modificó a fin de generar una distancia entre ejes más corta. Además, el manillar se cambió por uno de competición al tiempo que se aligeraba el conjunto todo lo posible. Así nacía la Rover TT 500. La motocicleta deportiva más laureada y recordada en la historia de la marca, responsable de ganar la clasificación por equipos en el TT Senior de 1913 al clasificarse las tres unidades entre las treinta primeras motocicletas. En suma, todo un ejemplo de resistencia y fiabilidad. Al fin y al cabo, justo una de las características que más buscó Rover en sus motocicletas desde 1903.

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Miguel Sánchez

Todo vehículo tiene al menos dos vidas. Así, normalmente pensamos en aquella donde disfrutamos de sus cualidades. Aquella en la que nos hace felices o nos sirve fielmente para un simple propósito práctico. Sin embargo, antes ha habido toda una fase de diseño en la que la ingeniería y la planificación financiera se han conjugado para hacerlo posible. Como redactor, es ésta la fase que analizo. Porque sólo podemos disfrutar completamente de algo comprendiendo de dónde proviene.

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