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Moto del día: Yamaha SC-1

El primer scooter de Yamaha

Moto del día: Yamaha SC-1

Si el otro día hablábamos de la Fuji Rabbit S1, el scooter japonés que se adelantó a Vespa y fue todo un éxito en el país del sol naciente, hoy toca hablar de la competencia. Al ver que se vendía tan bien, en Yamaha pensaron que tal vez sería buena idea hacer algo parecido. Así en marzo de 1960 nacía el primer scooter de la marca, el Yamaha SC-1.

Los más avezados verán ciertas similitudes en su diseño con el SC-1, y es que ambos son muy parecidos. Se trata pues de emular las líneas del Fuji Rabbit S1 para intentar obtener el mismo éxito de ventas. ¿Lo consiguieron? No fue así. Tal vez porque el Rabbit ya estaba muy establecido, y el SC-1 no ofrecía nada excepcional en cuanto a diseño, siendo muy similar.

Lo que sí ofrecía el SC-1 era una serie de avances que en su época eran más que notables. Se nota que en el primer scooter de la marca querían dejar buena impresión. Para empezar disponía de arranque eléctrico, algo que solo las motos más caras y exclusivas tenían por aquel entonces. También disponía de un cambio automático de dos marchas con convertidor de par, transmitiendo la potencia a la rueda trasera mediante cardan.

Su motor derivado de la YC-1, era un monocilíndrico de 175 cm3, 2 tiempos y refrigerado por aire, que rendía una potencia de 10,3 CV a 5.500 rpm y un par de 15 Nm a 3.600 rpm

Yamaha SC 1 1960 2

Técnico probando la Yamaha SC-1

Su parte ciclo destacaba porque disponía de suspensión monobrazo en ambos ejes, unida a su chasis monocasco, que era el que condicionaba este tipo de suspensión, tan poco usual en la parte delantera. Los frenos eran de tambor en ambas ruedas -que eran de 10 pulgadas-, mientras sus dimensiones -1.770 mm de largo,  660 mm de ancho y 980 mm de alto- eran más que suficientes para acomodar a dos adultos. Eso sí, el peso del monocasco condicionaba sus prestaciones, alcanzando tan solo 90 km/h de máxima. Con 123 kg en seco no era precisamente un scooter ligero.

Como decíamos, las cifras de ventas no acompañaron. Una de las razones no era el precio, pues en aquella época se vendía por 150.000 yenes -unos 7.000 euros de 2019-, cuando sus competidores vendían otros scooter por 175.000. Al ser ciertamente barato, era necesario vender muchas miles de unidades para compensar el alto coste de producción que tenía el Yamaha SC-1.

Tampoco ayudó su fama de ser poco fiable, pues en un inicio se pensó en colocar el motor de 125 cm3, pero luego, debido a su peso y a última hora, justo antes de salir a producción, se cambió por el de 175 cm3, heredado de la YC-1 de 1956. Se mantuvo poco tiempo en el mercado, y la marca quedó tan tocada con esta experiencia, que no sería hasta 1977 cuando se atrevería a sacar al mercado otro scooter. Queda claro que hacer algo por primera vez, tiene un coste de aprendizaje. A veces, demasiado alto.

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Sobre mí

Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Me gustan los coches desde que tengo uso de razón (o antes), las motos siempre me han inspirado mucho respeto, y sin saber cómo, ya me han enganchado.

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Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

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Ingeniero de software a tiempo completo y apasionado del motor en mis ratos libres. Los coches me gustan desde que tengo memoria, pero fue descubrir las motos y la “enfermedad” fue a peor. Mi sueño es recorrer todos los rincones del mundo sobre dos ruedas.

Jesús Guillermo Pozo Gallego

Nací entre las historias de mi abuelo sobre su Derbi “cabeza de hormiga” y el terrorífico sonido del escape 4 en 1 de la GPX 600 de mi tío y la belleza de su Vmax 1200. Mi padre, fue mi primer profesor con su viejo SEAT 127, y mi madre, cuenta que aprendí las marcas de los coches antes que el alfabeto.

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