Moto del día: Yamaha XV 250 Virago

Moto del día: Yamaha XV 250 Virago

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Tiempo de lectura: 4 min.

La Yamaha XV 250 Virago es otro de esos clásicos de la carretera. Esta moto comenzó a venderse hace eones, en 1988, y gozó de una gran acogida en nuestro país durante toda su vida comercial. El modelo se descatalogó a comienzos de siglo cuando fue sustituido por la Yamaha XVS 250 Drag-Star, una moto de concepto similar, pero con diferencias respecto a la Virago. La Yamaha Virago era esa custom utilitaria, asequible tanto a nivel económico como por la facilidad de conducción.

Triunfó entre todas aquellas personas que buscaban un vehículo cómodo, práctico y económico para sus desplazamientos diarios de rutina por ciudad o pequeñas escapadas por carretera. Gente a la que siempre le habían gustado las grandes custom, esas que salen en las películas que venían de los states como las Harley Davidson. La moda estaba ahí, y querían apuntarse a esta corriente motociclística. Pero comprarse una custom grande nunca ha sido muy barato ni muy práctico, la verdad.

Es donde estas pequeñas custom utilitarias tenían sentido. Los japoneses vieron la oportunidad clara, y durante estos años crecieron como setas. Hoy hablamos de la Yamaha XV 250 Virago, pero también estaba la Honda CMX 250 Rebel, la Suzuki Intruder 250, Suzuki GZ 250 Marauder, o incluso la mítica Yamaha SR 250 sacó una edición Special con aires custom para apuntarse a la moda.

Yamaha XV 250 Virago 02

Las cosas iban bien y mucha gente, en vez de comprarse la típica naked 250 para ir a trabajar y a comprar el pan, se cogía una de estas para potenciar esa faceta rebelde y de “malote”. Y no me extraña porque sobre el papel había pocas diferencias entre las nakeds de cuarto de litro de aquellos años y las custom de idéntica cilindrada. En algunas ocasiones hasta compartían mecánica.

Y hablando de mecánica, la Yamaha XV 250 Virago hacía gala de un motor bicilíndrico transversal en V refrigerado por aire, como mandan los cánones del mundo custom. Erogaba unos aceptables 21 CV. No eran muchos, ya que una mecánica bicilíndrica de este cubicaje puede “arrear” un poco más. Pero a cambio se conseguía un gran agrado de uso, al tener una mejor respuesta a bajo y medio régimen, un consumo de combustible pírrico que rondaba los 3 litros a los 100, y una fiabilidad a prueba de bombas. La caja de cambios contaba con cinco velocidades y la velocidad máxima rondaba los 135 km/h.

En el apartado de diseño era una custom ligera, minimalista. Líneas finas, conjunto compacto y además estrecha. No tenía muchos detalles estéticos y rimbombantes, era una moto más bien sobria para tratarse de una custom, pero precisamente eso la hacía elegante en vez de hortera. Pesaba unos muy razonables 137 kg en vacío y eso, unido a los 670 mm de altura del asiento con respecto al suelo, la transformaban en una moto apta para todos los públicos y niveles de habilidad.

Yamaha XV 250 Virago 03

Yamaha XV 250 Virago (1988) – Fotografía: First Krad (Wikimedia Commons) CC BY-SA 1.0

Lógicamente no era una moto para meterte largas tiradas por autovía, yo diría que ninguna 250 lo es. Sin embargo, la Virago tiene el encanto de las cosas sencillas, el encanto de subirte a tu 250 y saber que podías ir a donde tú quisieras y por “cuatro duros”. Para mí ese es el auténtico encanto del mundillo custom, la sensación de libertad, y la Virago cumplía con creces con esa idea.

El modelo se descatalogó en el año 2001 cuando fue sustituida por la Yamaha XVS Drag Star 250. La Drag Star seguía montando el mismo motor, pero venía con una dosis extra de “postureo”, ya que era un conjunto más grande y con mayor presencia, como queriendo aparentar que era “más moto” en vez de una sencilla 250.

Hoy en día la Yamaha Virago 250 se puede encontrar a precios muy jugosos en el mercado de segunda mano. Los precios arrancan en unos 1.000 euros, y por unos 1.500 tienes todas las unidades que quieras en buenos estados de conservación. No me parece caro para una moto de calidad y fiabilidad contrastada que pocos problemas puede dar.

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Gonzalo Lara Camarón

Ingeniero de software a tiempo completo y apasionado del motor en mis ratos libres. Los coches me gustan desde que tengo memoria, pero fue descubrir las motos y la “enfermedad” fue a peor. Mi sueño es recorrer todos los rincones del mundo sobre dos ruedas.

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