Hay motos que nacen para hacer historia y otras que nacen para hacer sonreír a quien la lleva con un simple giro del puño de gas. La Honda CBR650R es de las segundas, una deportiva con la dosis justa de locura, un poco de sensatez y un diseño sacado de la pista de carreras pero sin pedirte un riñón para disfrutarla.
En un mundo donde las deportivas son las nuevas máquinas de guerra con un precio que asustan más que una curva a ciegas con gravilla, este modelo es un soplo de aire fresco. Tiene una esencia que grita me monto y voy a disfrutar, sin perder el ADN propio de las RC. No es una RR pura, pero tampoco lo necesita, está en el punto intermedio donde la diversión y la practicidad se dan la mano.
El rugido que te atrapa
El corazón de la Honda CBR650R es su motor tetracilíndrico en línea de 649 cc, una joya que en Honda llevan años puliendo. Es capaz de entregar 95 CV a 12.000 rpm y un par máximo de 63 Nm, unas cifras bastante decentes para una moto que supera los 200 kg. Lo que realmente te atrapa no son los números, sino su entrega. Cuando arranca ya notas que es algo distinta al resto y ahora cuando alcanza las 9.000 vueltas te conquista.
A bajas vueltas es dócil y amable para ir en ciudad. Pero dale un toque de gas y despertará la bestia. Es una moto que te pide guerra, te tienta a estirar las marchas y a buscar la trazada perfecta. El cambio es preciso, con un tacto que sabes que es una Honda, firme pero sin brusquedades.
El embrague antirrebote es algo que necesitas de lejos si quieres disfrutar en cada curva y el quickshifter ahora es opcional (parece que por fin ha escuchado las críticas). El sonido, es música celestial. No es un escape propio de competición, pero tiene ese tono metálico que te hace mirar atrás para asegurarte que eres tú quien lo genera. Y lo hace cumpliendo con la Euro5, sin cortes raros, ni lag ni dramas, solo con la respuesta automática que tanto deseamos.
Honda CBR650, precisión japonesa con alma cañera
El chasis es un tubular de acero de alta resistencia, rediseñado para ofrecer una mayor rigidez lateral sin sacrificar la manejabilidad. Es estable en curva rápida y ágil para serpentear entre los coches. En cuanto al sistema de frenados, viene con Nissin de doble disco delantero de 310 mm con pinzas radiales de cuatro pistones y ABS de serie. Puede frenar fuerte y la moto aguanta sin despeinarte.
Si nos fijamos en sus gomas, cuenta un 120 delantero y un 180 trasero, medidas típicas en el segmento. Nos encontramos con una moto más ligera de lo habitual, manejable y con menos dolores de cervicales en el día a día. No es una naked con carenado, ni una RR domesticada, es una deportiva pensada para diario. El manillar está lo bastante bajo para sentirte en una sport, pero no tanto como para odiar cada semáforo. Las estriberas están retrasadas, pero no te quiere romper las rodillas.
Adicción pura
La Honda CBR650R es como volver a enamorarte de las deportivas sin tener que vender un riñón. En ciudad se comporta suave, sin darte tirones. Es una moto que en carretera te pide curvas, pide revoluciones y que la lleves contenta. En tramos de montaña brilla más. La precisión con la que entra en curva, la manera en que aguanta el ápice son pura adicción.
Es una moto para aprender a ir rápido sin saltarte al infierno de las superbikes. Te permite corregir errores, te avisa antes de pasarte y tiene la nobleza que te perdona todo. No es una RR ni pretende serlo. Es una deportiva para humanos. Una moto que respeta la espalda, bolsillo y carnet de puntos sin dejar de ser esa bestia cuando la provocas.
Te demuestra que no necesitas 200 CV para pasarlo bien y que en Honda cuando quieren, siguen sabiendo hacer motos con alma. No será la más radical, ni la más tecnológica, pero si una de las más auténticas. Una deportiva con corazón de hierro y espíritu de rebelde y alma de vieja escuela.


Alejandro Delgado
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