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Moto del día: Kawasaki KLR 650

La navaja suiza de las motos

Moto del día: Kawasaki KLR 650

La Kawasaki KLR 650 es una de esas motos míticas y con un aura especial. Estamos ante una trail monocilíndrica de manual, al estilo de aquellas motos de doble propósito de los años 90. El modelo se presentó en 1987 y en Europa siempre estuvo en un segundo plano por detrás de otros pesos pesados como la Honda Dominator o la Yamaha Ténéré.

Sin embargo, en otras partes del mundo como los Estados Unidos, la KLR fue toda una institución y el modelo omnipresente al que todo el mundo recurría cuando la cosa iba de viajar y de mancharse de barro y polvo en parte de esos viajes. El modelo estaba tan bien diseñado que aguantó sin apenas cambios hasta 2008, cuando las normativas Euro 3 acabaron por jubilarlo.

Los principales atractivos de la Kawasaki KLR 650 eran su robustez y su polivalencia. La robustez estaba definida por su motor monocilíndrico refrigerado por agua de cuatro válvulas y 650 cm3 . Estaba alimentado por un carburador Keihin de 40 mm y erogaba 38 caballos de potencia.

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Kawasaki KLR 650 – Fotografía: JokerJH~commonswiki (Wikimedia Commons) CC BY-SA 2.5 Generic

Con una punta de 165 km/h no corría mucho, mientras que los consumos se situaban en unos razonables para la época 5 l/100 km. Esta mecánica era bastante discreta en todo, pero gracias a su baja compresión los esfuerzos que tenía que soportar eran más bien escasos, y por ello la fiabilidad y durabilidad estaban más que aseguradas.

Aparte de eso ,la moto contaba con un chasis tubular de acero, ruedas de radios en ambos ejes y un sistema de frenado sencillo, pero suficiente para la potencia del motor. En general componentes sencillos, convencionales y conocidos; ideal para ofrecer esa robusted y facilidad en el mantenimiento.

Su otra gran baza era la polivalencia. La Kawasaki KLR 650, como casi todas las trail de los 90, era una moto que servía para todo. En carretera cumplia gracias a su posición de conducción erguida, su razonable protección aerodinámica y sus 38 CV. No era ninguna bala, pero podía circular a velocidades de autovía, o ligeramente inferiores, sin gripar ni sobrecargar la mecánica.

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Kawasaki KLR 650 – Fotografía : avidd (Creative Commons) by SA 2.0 Generic

La parte buena venía cuando dejabas el asfalto y te adentrabas en lo marrón. La llanta delantera de radios de 21 pulgadas y las suspensiones de largo recorrido daban mucho juego en conducción offroad. Contaba además con la suspensión trasera Uni-Trak; algo que a día de hoy puede parecernos lo más convencional del mundo, pero a mediados de los años 80 no era raro ver vehículos todo terreno con amortiguadores gemelos en la zaga.

Es curioso ver como hoy en día Kawasaki ha dejado a un lado todo ese legado y las únicas trails que venden en la actualidad, al menos en nuestro país, son motos 100% asfálticas sin ningún tipo de capacidad fuera de esta superficie, a excepción de la pequeña Kawasaki Versys-X 300.

Hoy en día estas motos están regaladas de segunda mano. Se pueden encontrar unidades aparentemente en muy buen estado -tanto de conservación como de kilometraje- por unos 1.000 euros. Por este precio dan ganas de coger la extra de navidad -ahora que ya está cerca- y darte un capricho. Así podrás saborear lo que eran las trail auténticas de hace 20 años, un segmento que se ha extinguido por completo hace no mucho.

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Kawasaki KLR 650 – Fotografía: CrookedTreeCreative (Creative Commons) by SA 4.0

De todas formas, si os animáis a comprar algo, debéis de revisar todo a fondo. Son motos con muchos años a sus espaldas y eso se cobra su precio en todas las gomas, plasticos y demás materiales «perecederos». Recordad que en estos modelos antiguos a veces es complicado encontrar según que piezas, por lo que más que un vehículo para toda la vida podríais enfocar la compra de una de estas como una escuela de manos para conducción offroad o un capricho pasajero.

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Sobre mí

Gonzalo Lara Camarón

Ingeniero de software a tiempo completo y apasionado del motor en mis ratos libres. Los coches me gustan desde que tengo memoria, pero fue descubrir las motos y la “enfermedad” fue a peor. Mi sueño es recorrer todos los rincones del mundo sobre dos ruedas.

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dioni
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dioni

La verdad es que es una moto dura pero dura, yo tengo una del 89 recién restaurada y me fui a jerez con mi hijo desde navarra y la moto se porto de cine todo el camino, eso si, a velocidades legales siempre y en dos tramos, Pamplona Caceres hacer noche y Caceres Jerez. Eso si litro y medio pa bajo litro y medio pa riba,de aceite claro. Los colegas me decían que si estaba loco, mas teniendo en el garaje una RSV1000R pero de verdad es una moto moto de las de toda la vida, de la que sabes… Leer más »


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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches, y ahora también las motos. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Aficionado al mundo del motor desde que fui concebido. Aprendí a leer con revistas de coches y, desde entonces, soy un completo enamorado de la gasolina. Como no se nace sabiendo todo, cada día es importante aprender algo nuevo y así ampliar los conocimientos. Este mundillo tiene mucho que ofrecer, al igual que un servidor a vosotros los lectores.

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Nací entre las historias de mi abuelo sobre su Derbi “cabeza de hormiga” y el terrorífico sonido del escape 4 en 1 de la GPX 600 de mi tío y la belleza de su Vmax 1200. Mi padre, fue mi primer profesor con su viejo SEAT 127, y mi madre, cuenta que aprendí las marcas de los coches antes que el alfabeto.

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Con 20 años no ponía ni una sola tilde y llegaba a cometer faltas como escribir 'hiba'. Algo digno de que me cortaran los dedos. Hoy, me gano un sueldo como redactor. ¡Las vueltas que da la vida! Si me vieran mis profesores del colegio o del instituto la charla sería de órdago. Pero aquí estoy, escribiendo sobre mi pasión donde me dejan. Si hace unos años me dicen que terminaría así, las carcajadas se habrían escuchado hasta en Australia, pero ahora no sabría vivir sin ello.

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