Moto del día: Kawasaki Ninja 125

Moto del día: Kawasaki Ninja 125

Deportividad verde en frasco pequeño


Tiempo de lectura: 4 min.

Hoy toca hablar de la Kawasaki Ninja 125. El nombre lo dice todo: estamos ante la baby Ninja de Akashi, la deportiva de iniciación para primerizos. Es curioso como los japoneses se decidieron a apostar por el segmento 125 hace ya tres años, en 2018, cuando presentaron esta moto así como su hermana desnuda, la Kawasaki Z 125.

La firma verde tradicionalmente siempre ha pegado fuerte en el segmento 250, dejando las 125 un poco de lado, y es que a excepción de la Kawasaki Eliminartor 125 de hace ya casi 20 años, no recuerdo modelos de esta cilindrada por parte de Kawasaki.

Sin embargo ya lo sabemos todos: renovarse o morir, y en este caso era más cierto que nunca, ya que las 250 en Europa poco pintan desde el establecimiento del carné A2. Por el contrario, las 125 están más vivas que nunca desde la convalidación del carné A1 con tres años de carné B.

Kawasaki Ninja 125 03

Volviendo a la Kawasaki Ninja 125, estamos ante la fórmula típica de las deportivas de octavo de litro, aunque un poco adulterada. Cuando hablamos de este segmento es importante tener los 15 CV de rigor que permite la norma, y en este caso es así. El monocilíndrico refrigerado por agua y con cuatro válvulas por cilindro llega al tope legal de potencia como buena mini deportiva que se precie. Eso sí, la potencia está bien arriba, a 10.000 rpm.

Donde los japoneses han sido más pragmáticos es en el apartado ciclo. Normalmente es común ver motos de este tipo con unos componentes y una ciclística sobredimensionada en relación con las prestaciones del motor; mientras que Kawasaki ha sido más realista: ha pasado del qué dirán y ha montado piezas más acordes al tipo de moto del que estamos hablando, que no deja de ser una 125 de 15 CV.

Es por eso que encontramos una horquilla de tipo convencional de 37 mm en vez de las suspensiones invertidas de algunas competidoras suyas. Tres cuartos de lo mismo pasa con el freno delantero, que recurre a una pinza axial en vez de a una con anclaje radial.

Kawasaki Ninja 125 02

Tendría que conducir todas ellas para decir con conocimiento de causa qué deportiva de octavo de litro va mejor y cuál va peor. Pero a bote pronto no le pondría la cruz a esta Kawasaki Ninja 125 solo porque tiene esta suspensión en vez de la otra, o estos frenos en vez de los otros. También hay horquillas convencionales buenas y horquillas invertidas malas. Que no nos engañen las apariencias.

En lo que a tamaño se refiere es donde la Kawasaki Ninja 125 no engaña y es que estamos ante una moto pequeñita en cotas, casi de juguete como quien diría. Esto yo siempre lo he visto como un acierto a nivel de prestaciones, y es que cuando la potencia es limitada, nada como contar con una carrocería pequeña y ligera para sacar el máximo de cada caballo. Y esta Ninja pequeña es, aunque con sus 148 kg no es la más liviana de la categoría.

El precio es quizá el mayor escollo de esta y de otras rivales directas. Los japoneses la venden por 4.900 euros. Va en la línea de sus competidoras, aunque no deja de ser una suma de dinero bastante importante y que se acerca peligrosamente a algunas motocicletas hechas a la medida del carné A2 y que la triplican en potencia.

Kawasaki Ninja 125 05

En cuanto a posibilidades de uso es un poco… difícil de explicar. Para ciudad es una buena moto, aunque no tan brillante como una naked al uso de similar cilindrada. A la hora de salir a carretera es donde su motor refrigerado por agua y su carenado marcan la diferencia, aunque sigue siendo una cilindrada demasiado baja como para plantearte realizar viajes a velocidades “normales”.

Al final estas motos son un poco siempre lo mismo: motos utilitarias de ciudad y para el día a día pero con un extra estético, un poquito de postureo deportivo para ir todos los días a trabajar o a hacer la compra pero llamando más la atención y molando más respecto al clásico scooter o a la clásica naked austera y descafeinada de 125.

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Sobre mí

Gonzalo Lara Camarón

Ingeniero de software a tiempo completo y apasionado del motor en mis ratos libres. Los coches me gustan desde que tengo memoria, pero fue descubrir las motos y la “enfermedad” fue a peor. Mi sueño es recorrer todos los rincones del mundo sobre dos ruedas.

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