Apenas 100 kilos, un motor Rotax "apretado" hasta los 70 CV y un chasis que, además de sujetar el conjunto, hacía las veces de radiador de aceite. Una joya americana con alma europea.
Contaba con un ordenador de a bordo que monitorizaba constantemente funciones esenciales, como la posición del caballete lateral, el líquido de frenos, el nivel de aceite...