Cuando Nico Bakker, uno de los mejores diseñadores de chasis de la historia, decidió utilizar el motor de una BMW F 650 para crear una moto de carreras, el resultado solo podía ser una obra de arte funcional.
Apenas 100 kilos, un motor Rotax "apretado" hasta los 70 CV y un chasis que, además de sujetar el conjunto, hacía las veces de radiador de aceite. Una joya americana con alma europea.